Como quiera que la llames, es una de las emociones humanas más común y básica. ¿Alguna vez has podido pasar un día entero sin que te enojes por algo o con alguien? Probablemente no… y eso es completamente normal.
Porque somos únicos, cada uno de nosotros maneja el enojo de su propia manera. A veces la manifestamos de una manera que nos hace sentir bien en el momento, pero que más tarde causa más problemas. A veces nos guardamos nuestro enojo porque no queremos crear problemas… pero eso precisamente nos hace sentir peor.
Como probablemente puedas notarlo observando a los adultos que te rodean, todos bregamos cuando se trata de saber cuándo y cómo manifestar el enojo. Pero el enojo no es algo que debamos ignorar o evitar. De hecho, cuando llegamos a conocer nuestro enojo —lo que lo causa y cómo reaccionamos a él— y por consiguiente aprendemos a manejarlo, tenemos la oportunidad de llegar a conocernos a nosotros mismos un poco mejor y de mejorar nuestras relaciones con otras personas.
Se habrán dicho muchas cosas,
se habrán escrito muchos libros
pero mientras tu boca no lo diga o tu corazón no lo sienta,
nada sabrás del amor verdadero.
El amor es fuerza y valor, es debilidad y cobardía.
Es alegría y es gozo, es tristeza y dolor.
El amor es este instante y hoy, es la eternidad y siempre.
El amor es ayer y es historia, es mañana y es futuro.
El amor es proximidad y continencia, es distancia y es lejanía.
Es secreto y entrega, es respeto y dignidad.
El amor es amarillo y es rojo, es verde y azul.
El amor es sol y es flor, es luna y es estrella.
El amor es cielo y tierra, es muerte y vida.